19 abr 2009

Escapada de Semana Santa 2009

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Como viene siendo habitual, en Semana Santa siempre intentamos escaparnos de la Málaga cofrade aunque sea solo por un par de días. Esta vez, el cansancio y las pocas ganas de organizar un viaje, nos hizo quedarnos más cerca que de costumbre, pero no por eso desmereció.
El Jueves Santo, como buenos penitentes, madrugamos en fiestas, para irnos a hacer nuestro sacro recorrido por la Alta Axarquia. Una ruta cerca de Alfarnate, pueblo más alto de la provincia de Málaga. El sendero en si, es llamado "de las pilas", por su gran número de fuentes y abrevaderos dispersos en el paseo.
La ruta que seguimos se puede observar en el mapa (gentileza del GPS de Julián) en color verde, una pequeña parte en color naranja(el camino hacia la venta).

Despues de unas 3 horas paseando, hicimos 12 kms. Al llegar a Alfarnate, hicimos una primera escala para tomarnos el aperitivo. Un poco mas tarde estábamos en la Venta de Alfarnate moviendo el bigote. 
La ruta fue muy entretenida, el recorrido muy suave y el día espectacular. 
Sobre la Venta de Alfarnate, se puede decir que esperabamos más, al menos del servicio. El lugar es muy acogedor, pero algo falló.

De ahí nos fuimos a Alhama de Granada, por el antiguo camino a Granada desde Málaga. Dimos un breve paseo para terminar en Játar, donde ibamos a pasar la noche en un pequeño hotel regentado por Catherine, una simpatica mujer inglesa. El hotel en cuestión se llama "El balcón de Jatar". Muy bien cuidado y coqueto. Construido totalmente por ella y su marido, un alemán muy divertido y peculiar. Era capaz de entender a los lugareños mucho mejor que yo, y además hablaba español casi como ellos!!!

La tarde-noche fue muy tranquila y fuimos a dormir bien temprano. Al día siguiente unos nos fuimos de ruta con las bicicletas al pantano de los Bermejales y otros se quedaron disfrutando de las vistas y de un buen libro en el hotel.
La ruta en bicicleta fue un gustazo hasta su vuelta, en la que Julian se empeñó en volver por carretera...mirad la pendiente...
 
(El comentario de la foto es de Julián...pobre Sole)

La vuelta se hizo bastante dura, tanto que Sole tuvo que ser rescatada por el coche-escoba, jeje. Una vez todos en el hotel, nos fuimos para Málaga, parando por el camino en otra venta, "La Alcaiceria", para llenar el estomago después de semejante esfuerzo en bicicleta.
Os dejo con algunas fotos de los dos días en Picasa, como siempre.

13 abr 2009

Por la Ruta de la Memoria, San Petersburgo (14.04.09)

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TVE estrena, este martes, “Por la Ruta de la Memoria”

Una serie sobre ciudades que han sido escenario de grandes obras literarias

• La serie, de 4 capítulos, ha sido escrita por Manuel Vicent, dirigida por Juan Manuel Martín de Blas y narrada por Mercedes Sampietro

• El primer destino, la Sicilia Clásica, la de los griegos y latinos, a la que seguirán San Petersburgo, Praga y Dublín

• Martes 7 de abril a las 22:00 horas en La 2
Este martes 7 de abril, La 2 de TVE estrena en el prime time la serie documental “Por la Ruta de la Memoria”, escrita por Manuel Vicent, dirigida por Juan Manuel Martín de Blas y narrada por la actriz Mercedes Sampietro. Un espacio para los amantes de los viajes, pero no una guía de monumentos y paisajes. Una serie con un halo literario que llevará al espectador a Sicilia, San Ptersburgo, Praga y Dublín, lugares que han sido escenario de grandes obras maestras de la literatura. Cada uno ha sido retratado en una estación del año para aumentar su fascinación. El primer capítulo mostrará la Sicilia Clásica, la de los griegos y latinos.
“Por la Ruta de la Memoria” es una serie documental de 4 capítulos, de 45 minutos de duración cada uno, en los que se mostrarán cuatro destinos emblemáticos desde el punto de vista literario: Sicilia, San Petersburgo, Praga y Dublín.
Una serie que dará a conocer al telespectador, travesías por mercados, cementerios, carreras de caballos, islas míticas, cafés y, sobre todo, sus gentes, que habitan esos espacios maravillosos que fueron evocados por escritores lúcidos. Lugares que han sido rescatados “Por la Ruta de la Memoria” a través de la mirada de Manuel Vicent, en unos textos a los que presta su voz la actriz Mercedes Sampietro.
Los cuatro episodios de la serie “Por la ruta de la memoria”, acercarán al telespectador a unos lugares que aparte su belleza, tienen un halo literario por haber sido escenario de grandes obras maestras de la literatura como “Crimen y castigo”, “La metamorfosis” o “Ulises”.
Cómo no evocar a los personajes de Dostoievski cuando se recorren las avenidas y los canales de San Petersburgo durante el solsticio de verano; a Kafka en las desoladas y pétreas calles de Praga; a Joyce entre las brumas de Dublín o a los clásicos griegos y latinos en las islas de Sicilia o Strómboli.

“Primavera en Sicilia”, “Una noche blanca en San Petersburgo”, “Otoño irlandés” e Invierno en Praga”, son los títulos de las cuatro entregas. Cada lugar ha sido retratado en una estación del año, para añadir así un elemento que acentúa su fascinación.
Son programas lejos de las postales turísticas, dirigidos a viajeros que saben que lo más hermoso es no tener la obligación de volver a casa en un plazo fijo. Son también una exploración por el carácter de unas tierras y unas gentes que forman parte esencial de nuestra cultura y nuestra memoria.

CAPÍTULO 1. “PRIMAVERA EN SICILIA”
Esta primera entrega de “Por la ruta de la memoria” descubrirá al telespectador un viaje a Sicilia en primavera, “una forma sensual de entender la vida o si se prefiere, una exploración del verdadero sur, que se halla dentro de uno mismo” en palabras del escritor Manuel Vicent.
“Entrar en Italia por Sicilia en el tiempo de su breve y violenta floración, antes de que el verano la aplaste es una experiencia que debe ser incorporada a la fortuna del espíritu” explicará en este documental el autor de “Tranvía a la Malvarrosa”.
Sicilia fue el nombre dado a la primera provincia de la Antigua Roma, organizada en el 241 a. C. como un territorio bajo gobierno procónsular, en el periodo posterior a la Primera Guerra Púnica y que se corresponde con la actual Sicilia. Una provincia romana durante la República y el Imperio, que dio personajes notables para la Historia, como el historiador greco-romano Diodoro Sículo y el poeta Titus Calpurnius Siculus.
Los restos arqueológicos más importantes y notables son los mosaicos encontrados en una villa romana en Piazza Armerina.
“Por la Ruta de la Memoria” es una serie dirigida por Juan Manuel Martín de Blas, con la realización de José Pavó, textos de Manuel Vicente en la voz de Mercedes Sampietro y producción de Esteban Vélez y A. de Masy

Rusofobia en Hollywood

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DANIEL UTRILLA desde Moscú


11 de abril de 2009.- Tolstoi murió en la casita de un jefe de estación tras coger una pulmonía en un tren de provincias, su personaje inmortal Anna Karenina muere arrollada por una locomotora, Nicolás II abdicó en su ferrocarril privado y Rusia es arrojada a las vías del tren cada vez que un director de Hollywood planta el trípode en tierra de zares.

Acabo de hacer un pequeño viaje en tren por la provincia rusa (experiencia tan pintoresca como recorrer el Misisipí en un ferry de vapor o la Gran Muralla en un carro chino de tracción bípeda), y me choco de frente en Moscú con 'Transibberian', una película del director Brad Anderson que traquetea apoyada sobre los sólidos y largos raíles de la rusofobia estereotipada por Hollywood.

Rusia sigue siendo un país devorado por el frío, el absurdo y media docena de estereotipos (incluidos el frío y el absurdo). Y hasta que los rusos no se sacudan esa fama negra que les cae encima como la nieve, seguirán siendo los malos de la película.

Desde luego vuelven a serlo en 'Transsiberian'. Vista desde Moscú, entre rusos, la película resulta grotesca, exageradamente siniestra, un rebullo macabro de estereotipos apilados en un vagón soviético y lanzados sobre la nieve a ritmo de 'thriller' para dejar tras de sí un reguero de sangre muy roja (tonalidad 'russian red') y un cóctel de vodka, matrioshkas, más vodka, trenes, mucho frío, mafiosos y un poco más de vodka. Sólo las prostitutas se quedaron fuera del reparto.

Estrenada en España hace unos meses, la historia narra las desventuras de una pareja norteamericana acosada por un inspector mafioso ruso que sigue el rastro de un narcotraficante en el mítico tren Transiberiano.

En el vagón restaurante, el vodka salpica a todos como por aspersión en medio de cánticos y brincos folclóricos rusos ("ya estamos con la misma canción" piensan mis amigos rusos al ver esta secuencia que se repite indistintamente en películas como 'El Hundimiento', 'Enemigo a las puertas' o la última entrega de Indiana Jones).

La pareja americana huye de los refunfuños incomprensibles de la guardiana del vagón (que ningún subtítulo traduce para que resulten más amenazadores) y ambos añoran la vuelta al hogar con más ahínco que E.T. "Soy ciudadano americano", exclamará el protagonista cuando los malos le arrastren por las orejas sobre la nieve.

El 'McGuffin' de la película va oculto en un juego de muñecas 'matrioshkas' y el paisaje ruso destila una tristeza gris, mortecina y depresiva, tan sólo habitada por abuelas embuchadas en lana que venden zarandajas al paso del tren. La inmensa Siberia acongoja tanto como un zulo. "Durante el comunismo vivíamos en la oscuridad, ahora morimos en la luz", dice entre chupito y chupito el inspector Grinko, interpretado por el siempre genial Ben Kingsley.

Pero no me corresponde a mí valorar la calidad técnica de la película o del reparto (la crítica occidental ensalzó la cinta en general). Mi intención es hablar de ese actor secundario que es la rusofobia y que siempre acaba saliendo, como Alfred Hitchcock en sus películas.

El mago del suspense defendía la necesidad de espolvorear con estereotipos las películas ambientadas en otros países, mostrando relojes de cuco si los protagonistas estaban en Suiza o molinos entre tulipanes si la película transcurría en Holanda, como pasa en 'Enviado especial'. Sin embargo, en 'Transsiberian' los estereotipos sobrevienen como bolazos de nieve arrojados en una sola dirección: la perversidad histórica rusa y sus derivas criminales. No hay ni un sólo guiño amable hacia lo ruso o hacia los rusos.

Después de ver la película, salí a la calle atenazado, temeroso del peligro circundante. Hasta los niños moscovitas me parecían seres malévolos, gremlins rollizos a punto de metamorfosearse en criminales con tatuajes obscenos. El frío era más agudo, los posos de nieve más oscuros (en Moscú la nieve en primavera se ennegrece debido a la polución mefítica).

En definitiva, la sensación de inseguridad (acrecentada por el hecho de que no soy ciudadano americano) se me alojó en el bajo vientre. Hasta me entraron ganas de beber vodka para sustraerme al contexto, tan pérfido se me aparecía.
Paulo Coelho imaginando 'a todo tren' a bordo del Transiberiano.

Paulo Coelho imaginando 'a todo tren' a bordo del Transiberiano.

Sin embargo, bastó cruzarme en la calle con una rubia poseedora de esas "cadencias inequívocas de la mujer rusa" (como definió Nabokov en uno de sus cuentos el cimbreo de sus compatriotas), para que se deshiciera el embrujo. La chica (como un tren) hizo descarrillar al 'Transsiberian'. Ocurió que la aparición de la bella puso al descubierto un grave error de guión que echó abajo todo el edificio de la ficción: en la película no sale ninguna rusa guapa (todas son vetustas, orondas y ariscas), algo tan complicado a priori como evitar planos de nieve en un bosque bielorruso en la tercera quincena de enero. Hollywood ha generado estereotipos antirrusos como para parar un tren.

Las películas de la Guerra Fría lograron que la maldad prespuesta del Politburó se contagiara por osmosis a las gentes de la URSS, hasta el extremo de ocultar algo imperdonable como el atractivo de la mujer rusa. En 'Un, dos, tres', la genial comedia de Willy Wilder (1961), los soviéticos que llegan a Berlín Occidental interesados en comprar la fórmula de la Coca-Cola afirman que, a diferencia de las alemanas, todas sus mujeres son orondas como samovares. Si este estereotipo es falso (basta un paseo por Moscú para comprobarlo), ¿no habrá que empezar a dudar un poco de los demás?.

Aún a riesgo de incurrir en estereotipos, Álvaro Cunqueiro afirmaba que "toda la literatura rusa está atravesada por un pitido de tren en la noche". Los sorianos que aún recuerdan los estridentes bufidos de las locomotoras durante el rodaje de 'Doctor Zhivago' en 1965 a los pies del Moncayo saben a que se refería el escritor gallego.

Las ventajas de viajar en tren (sobre todo en los achacosos y bamboleantes trenes de fabricación soviética que aún circulan) son muchas si se tiene un buen libro a mano ('Ventajas de viajar en tren' de Antonio Orejudo se me ocurre) o entre manos. Que se lo digan si no al escritor brasileño Paulo Coelho, que hace dos años recorrió Rusia de cabo a rabo en el Transiberiano y (casualidad o no) acaba de publicar una novela protagonizada por un oligarca ruso que encarga cinco asesinatos en serie. No hay remedio. Está visto que el tren es y seguirá siendo el medio de locomoción más usado por la Rusia blanca y por la novela negra.